Simplemente, son parte del proceso de entrenamiento de un niño para ir al baño. Las ardillas y los ositos son quienes tienen más tendencia a experimentar retrocesos, ya que están tan interesados en lo que sucede en el mundo exterior que se olvidan de estar atentos a su necesidad de ir al baño.

Las tortugas tienen muchos retrocesos cuando sienten que se las ha presionado demasiado: comienzan a resistirse. Asegúrate de que tu hijo esté saludable y no tenga problemas médicos que puedan interferir con el proceso de entrenamiento. Más allá de eso, el desarrollo y la personalidad de tu hijo determinarán si se producirán retrocesos y durante cuánto tiempo.’